¿Por qué aprendemos a construir marcas comerciales, pero casi nadie nos enseña a construir nuestra propia marca?
Esta pregunta quedó resonando después de volver a dar una clase de Branding en UADE, por tercer año consecutivo.
Durante la clase, compartida con estudiantes del turno noche de la materia Diseño Comercial, hablamos sobre marcas, identidad, comunicación y sobre la importancia de construir una propuesta que pueda ser reconocida y recordada.
Sin embargo, a partir del intercambio con los estudiantes surgió una reflexión que excede a las marcas comerciales: mientras aprendemos a analizar, diseñar y gestionar marcas para empresas, productos y servicios, pocas veces nos enseñan a mirar con la misma intención la marca que construimos alrededor de nosotros mismos.
Y eso también me llevó a pensar en mi propia experiencia.
Cuando estaba en la universidad —e incluso más adelante, cuando trabajaba en el mundo corporativo y aun siendo “del palo” de la Publicidad, la Comunicación y el Marketing—, la marca personal no estaba instalada como parte de nuestra formación o por lo menos, yo no lo hice conciente hasta hace unos años.
Nuestra marca empieza mucho antes del primer trabajo
Muchas personas comienzan a pensar en su marca personal cuando necesitan buscar trabajo, conseguir clientes, ofrecer un servicio o mejorar su posicionamiento profesional.
Pero la realidad es que esa marca empezó a construirse mucho antes.
Comienza a formarse durante la universidad, e incluso antes, a partir de:
Lo que decimos y cómo lo decimos.
Los temas sobre los que elegimos opinar.
Los contenidos que compartimos en las redes sociales.
La forma en que participamos en un grupo.
Los proyectos con los que decidimos involucrarnos.
Los valores que demostramos con nuestras acciones.
La manera en que nos vinculamos con otras personas.
Cada una de esas elecciones va dejando un sello.
Aunque todavía no tengamos una estrategia, un logotipo, una identidad visual o una definición profesional clara, las demás personas ya comienzan a construir una percepción sobre nosotros.
Esa percepción también forma parte de nuestra marca personal.
La huella que dejamos en los espacios digitales
Actualmente, una parte importante de esa identidad se construye en Internet.
Lo que publicamos desde que somos estudiantes, los comentarios que hacemos, las causas con las que nos identificamos y la manera en que interactuamos van formando una huella digital.
Esto no significa que debamos controlar cada palabra o mostrar una versión perfecta de nosotros mismos. Tampoco se trata de vivir pendientes de cómo nos observan los demás.
Se trata de comprender que nuestra comunicación dice algo sobre nosotros, incluso cuando no somos plenamente conscientes de ello.
Por eso, aprender sobre marca personal desde la universidad podría ayudarnos a tomar decisiones más conscientes sobre lo que queremos comunicar, los espacios en los que queremos participar y la identidad profesional que empezamos a construir.
Trabajar la marca personal no es convertirse en un producto
Uno de los prejuicios que suele aparecer al hablar de marca personal es la idea de que implica “venderse” o transformarse en un producto.
Desde mi mirada, trabajar una marca personal no significa construir un personaje ni mostrar algo que no somos.
Significa aprender a reconocer:
Quiénes somos.
Qué sabemos hacer.
Qué experiencias nos fueron formando.
Qué temas nos interesan.
Qué valores queremos sostener.
Qué mirada propia podemos aportar.
Cómo queremos que las demás personas nos recuerden.
Una marca personal sólida no debería alejarnos de nuestra identidad, sino ayudarnos a expresarla con mayor claridad, conciencia y coherencia.
Una enseñanza que podría atravesar todas las carreras
La marca personal no es relevante únicamente para quienes estudian Marketing, Publicidad, Comunicación o Diseño.
Un médico, una arquitecta, una abogada, un ingeniero, una psicóloga o cualquier profesional también construye una identidad y una reputación alrededor de su trabajo.
Por eso, considero que este aprendizaje podría formar parte de la formación universitaria de diferentes carreras.
No necesariamente como una asignatura completa, sino como un espacio para reflexionar sobre la identidad profesional, la comunicación, la reputación digital y la manera en que cada estudiante desea insertarse en el mundo laboral.
Durante la clase en UADE, los propios estudiantes manifestaron su interés por seguir profundizando en temas como marca personal y Manual de Marca. Su entusiasmo, participación y curiosidad confirmaron que existe una necesidad de hablar más sobre estas cuestiones.
Y también me recordaron algo que disfruto profundamente: enseñar no es solamente compartir conocimientos. Es escuchar, intercambiar miradas y descubrir nuevas preguntas a partir de lo que sucede en cada encuentro.
Empezar a mirar nuestra propia marca
Nuestra marca personal ya está en movimiento, aunque todavía no hayamos decidido trabajarla de manera estratégica.
La construimos con lo que hacemos, decimos, compartimos y aportamos.
La diferencia está en comenzar a observarla con mayor intención:
¿Lo que hoy comunico representa quién soy?
¿Mi presencia digital acompaña la etapa profesional en la que me encuentro?
¿Las personas pueden comprender qué hago, cómo trabajo y qué valor puedo ofrecer?
¿Estoy construyendo una identidad coherente con el camino que quiero recorrer?
Tal vez no tengamos todas las respuestas. Pero empezar a hacernos estas preguntas ya es una forma de poner nuestra marca en acción.
Agradezco a UADE, a la Facultad de Arquitectura y Diseño y a la arquitecta Sabrina por volver a invitarme y por generar estos espacios de aprendizaje e intercambio.
Y me interesa abrir el debate:
¿La marca personal debería formar parte de la enseñanza universitaria, incluso en las carreras que no están relacionadas con el Marketing, la Comunicación, la Publicidad o el Diseño?
¿En qué momento empezaste a ser consciente de la tuya?
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